jueves, 12 de agosto de 2010

La larga estela: Un mundo de abundancia



Cuando Internet apareció, no sólo llegó una nueva forma de ver el mundo, sino también una transformación profunda en muchos sentidos, en cosas que nos parecían tan cotidianas como los medios de comunicación.
Ya no se trataba sólo de un nuevo medio, sino de una nueva manera de sacarle el máximo provecho a una plataforma que crece incesantemente. En definitiva, una propuesta novedosa  y moderna de hacer negocios.
Me refiero a esto particularmente, por el gran potencial de segmentación que se puede encontrar en la web. Gracias a su oferta ilimitada, es posible encontrar contenidos para cualquier público específico, sin importar el tiempo ni la distancia. Esto rompe el mito de los productos superventas y nos demuestra que para cada producto puede haber un interesado.
En gustos no hay nada escrito, y bien lo saben los principales sitios de ventas vía web, por eso, inteligentemente  han desarrollado diferentes nichos capaces de satisfacer a los públicos más exigentes o por qué no decir, rebuscados.
La oferta presentada por las tiendas físicas, es limitada y siempre sujeta a productos que tengan un pronóstico positivo en cuanto a utilidades. En el fondo, impera la fama y la popularidad, dejando de lado en parte a grupos quizás no tan acogidos por las masas pero que sin lugar a dudas tienen un grupo de admiradores fieles.
Ante el riesgo de que el grupo de admiradores sea bien específico, las tiendas físicas sólo tienen en vitrina a los exitosos, riesgo que deja de existir en los sitios online, donde el almacenamiento es mucho más abarcador y permite contar con una extensa biblioteca, repleta de un número exhaustivo de títulos.
La larga estela es eso, la capacidad de ofrecer a un público específico, los contenidos que desea encontrar y que muchas veces le es difícil de conseguir.  Tener diversas opciones de productos de manera que sea sustentable la personalización de un servicio. Darnos cuenta como sociedad que todos somos seres individuales y que buscamos productos que nos satisfagan, más allá de las modas o de las tendencias del marketing global.






martes, 10 de agosto de 2010

Los 40 de Internet

Tiene 40 años, es la plataforma líder y no hay quién no hable de este medio de comunicación que se ha posicionado como el único en cuanto a contenido e intercambio de información entre usuarios de todo el mundo.
Si bien antes requeríamos dominar ampliamente términos de informática, hoy la facilitación de los recursos nos permite interactuar y ser parte de una red global de comunicación e información.
La web 1.0 nos presentó un mundo nuevo mediante el cual éramos capaces de conocer contenidos sorprendentes y abarcados  de manera extensa bajo las miradas de diferentes personas alrededor del mundo.
Ahora, si a eso le sumamos la aparición de la web 2.0, nos encontramos con que además de encontrar lo que buscamos, podemos también ser parte de este intercambio, generando nuestros propios contenidos, conformándose así una gran red global de fácil acceso y manipulación en la cual nosotros mismos somos editores.
Bajo este punto de vista, Internet está representando un gran desafío para los medios de comunicación tradicionales, ya que por una parte, amenaza los principios de la publicidad tal como la conocemos, al haber un desplazamiento por parte de los usuarios a este nuevo sistema operativo. Por otra parte, los medios no tienen forma de abarcar los contenidos tan rápidamente como Internet, lo que la hace pionera en inmediatez. A su vez nos da la opción de disfrutar de ciertos contenidos en tiempo diferido, acomodándose a nuestro propio tiempo
Si a eso le sumamos la posibilidad de poder dar con el contenido exacto que buscamos, estamos hablando de un medio completísimo. Y así es, ya que gracias a que todos somos parte de la red, hay una amplia gama de contenidos a ofrecer, lo que genera una segmentación aún más específica e imposible de igualar por parte de un medio de comunicación tradicional.
Aún presentando ventajas enormes, Internet  no está exento de ciertos inconvenientes que van estrictamente ligados a problemas relacionados con la privacidad y los derechos de propiedad intelectual, y esto genera un gran vacío, difícil de controlar, ya que los procesos legislativos son muchísimo más lentos que la tecnología digital y su inminente y envolvente avance.
De todas maneras, lo queramos o no, ya vivimos en la era digital, y ésta, no se detiene.